Los besos y los bolsos de Sofía


Bolso original de Chanel, foto tomada de la red
Sofía es una preciosa niña de dos añitos, es la hija de la chica de la AA.VV. que viene todas las semanas a casa a traernos la lotería.

Está viniendo desde antes de Navidad, cuando lo dejó la anterior miembro de la asociación y siempre, cuando viene con la niña, esta trae una muñeca en la mano, sentada sobre ella en su silleta.

Sofía es una de esas niñas nada llorona y con simpatía a raudales, me da besos cada vez que viene y me deja su muñeca para jugar.

El caso es que a la muñeca le falta un poquito de glamour y, puestos a jugar con ella, me dije: “¿y si le hacemos un bolsito para que vaya mona?”. Y dicho y hecho pero, como yo con los bolsos y los zapatos no tengo ningún control y todos me parecen pocos, empezó a funcionarme la cabeza a todo gas y, con retalitos de tela que tenía por ahí, en lugar de un bolso me salieron 10, desde bandoleras, bolsa para la playa, bolso con asas metálicas (utilizando anillas para ello), hasta una cesta de la compra con una tela monísima con dibujitos de fresas que me sobró de hacer un mantel para la terraza y pasando por una mochila.

Pero ahora tengo un problema y es que no puedo parar, vamos que me ha dado por hacer mini-bolsos (como si no me dolieran las manos lo suficiente) y ahora voy con los de fiesta y, además, pienso hacerle hasta uno imitando el mítico 2.55 de chanel, para el que ya tengo la tela acolchada y todo.

Tal es mi ansiedad con los bolsitos que el sábado me fui de chinos a comprar “charcutería fina”, que diría Marujita Díaz, para utilizarla de cadenas, adornos, etc. y mandé a mi marido de ferreterías a ver si encontraba cierres de imán tamaño mini (no encontró).

El caso es que con los bolsos aún me puedo manejar pero ¿y cuando me de por las sandalias, que me dará, que yo me conozco, quéeeeeeee hagooooooooooo? Porque todo lo más que voy a poder hacerle (por no saber hacer otra cosa, digo) son unas babuchas de tela aunque, bien mirado, se me acaba de ocurrir que siempre puedo comprar algunas hechas y tunearlas a mi gusto. Estoy perdida, de verdad, ¡qué ansiedad más grande, por Dios!.

La visita del hamster



Hace año y medio conté aquí (http://escribimospensamientos.blogspot.com.es/2012/01/estoy-en-peligro.html) que había oído a mi vecina de arriba decir: “ay hamstercito mío qué guapo eres” y mi miedo (en realidad pánico) porque el susodicho pudiera llegar a mi casa.

Y hoy, mira tú por donde, se ha hecho realidad la pesadilla. Me he levantado a las 7 con los ojos medio cerrados y directa a la cafetera como siempre y me he encontrado a uno de mis hijos en la cocina, le he dicho algo mientras casi a ciegas metía la cápsula en la cafetera y le he oído decir: “Alejandro tiene que contarte algo” (Alejandro es mi otro hijo). Aquí ya me he mosqueado porque he pensado que qué cosa más rara estos dos levantados un domingo a las 7 pero estaba pendiente del café y he pensado que tampoco sería grave el asunto.

A todo esto que llega Alejandro y me dice: “oye, que a las cinco de la mañana he salido al lavadero a poner la ropa en el cesto de la ropa sucia y he visto un hamster”, ¿un quéeeeeeeeeeeeeeeeee? (esto se ha oído como en 1 km. A la redonda y ya no me hacía falta ni el café).

Cuando me he calmado un poco, me ha contado que, tratando de atraparlo, el bicho lo ha toreado con ganas, se ha metido a la cocina, se ha vuelto a salir al lavadero y de ahí al patio (es uno de estos que están divididos en diagonal con el vecino) y, por la abertura que hay por seguridad del desagüe entre los dos patios, se ha ido al del vecino y ya no lo ha podido atrapar. Tampoco se ha acostado porque, si se me ocurría salir y veía al bicho, no me dieran media docena de infartos seguidos y se quedara sin madre.

Como medida preventiva, me he dicho que si el bicho había entrado a la cocina aunque sólo fuera unos segundos primero se imponía una limpieza a fondo así que como, por puro pánico, no podía salir al lavadero les he dicho que abrieran la puerta con cuidado y me entraran todos los trastos de limpiar y dos botellas de lejía.

Luego, como ya estaban despiertos y arreglados, han decidido salir a desayunar fuera y, cuando ya se iban, me ha dado un pálpito y he pensado que el bicho igual se había hecho fuerte detrás de la lavadora o la secadora, así que les he hecho volver para que sacaran todo de su sitio y mirar. Y efectivamente, estaba metido en una zapatilla de deporte que habían puesto para lavar y que, en la trifulca de madrugada, se había caído detrás del cesto de la ropa sucia.

Yo no lo he visto, por descontado, pero han tardado entre los dos más de un cuarto de hora en capturarlo y sacarlo de mi casa para que viva su vida en el campo en libertad. También han sacado a la basura las zapatillas en cuestión porque había aprovechado para roer un poco los bordes de la que se ha encajado (imaginad si era gordo que la zapatilla era del 45), con lo cual me ha costado el episodio más de 100€.

Mientras limpiaba, he estado meditando y llegado a la conclusión de que lleva por lo menos una semana por los patios y durmiendo en una maceta de menta, porque llevo días mosqueada viendo los tallos de menta como tumbados y pensando si no había por ahí un gato haciendo excursiones. Ahora, a lo de las zapatillas, le tengo que añadir todas las plantas que tengo que sustituir (menta, perejil, romero, tomillo, orégano, etc.) porque son las que tengo para cocinar y lo mismo ha tocado o mordido algo.

Dos litros de lejía después, cuando he terminado de desinfectarlo todo por si acaso, me disponía a ir a preguntarle a mi vecina si se le había perdido algún bicho, cuánto tiempo hacía de ello y, de paso, a comentarle que era una irresponsabilidad por su parte no avisar porque yo tengo fobia a los roedores pero mi marido, que se acababa de levantar y se ha perdido toda la fiesta, me lo ha prohibido porque dice que lo lógico es que si me encuentro un hamster pregunte por el edificio si se le ha perdido a alguien. Con un par, vamos, que estoy por decirle a mi hijo que si se encuentra otro de madrugada le haga un biberón y lo acueste no sea que pase mala noche el animalito.

Medusa a la vasca

Hay que reconocer que este mes los de la FAO han estado sembrados pues, si a mediados de mes recomendaban comer insectos, ayer se despacharon con que hay que comer medusas porque, por un lado, acabamos con la plaga y, por otro, con el hambre.

Como la FAO depende de la ONU y en esta trabajan, en diferentes departamentos, lumbreras de la talla intelectual de dos de nuestras ex ministras, la verdad es que no me extraña ni lo de los insectos ni lo de las medusas.

Ahora bien, como el movimiento se demuestra andando mientras algún lumbrera no diga lo contrario, yo propongo a estos de la FAO “hacerse un Fraga en Palomares”, es decir, igual que aquel se bañó con su Meyba sobaquero y grandes dosis de cinismo para demostrar que lo de la bomba de Paco no era nada, que estos de la FAO se coman en público lo que predican que tienen que comer los demás.

Y, como muestra de buena voluntad por mi parte, les voy a dar ideas para un menú completo, postre incluido:

1) Primer Plato: Crema de medusa

Ingredientes:

1 a 2 Medusas de buen tamaño (a pajera abierta, sin miedo, que son gratis).
Agua
1 Patata (pequeña, sin abusar)
1 Cebolla también pequeña
2 Cucharadas de harina agusanada (dicen ellos que los gusanos de la harina son la leche en plan proteico y ácidos grasos).

Preparación:

Lavamos la medusa y la ponemos a cocer media hora con la patata y la cebolla.

Trituramos todo y reservamos una parte para el segundo plato, que no está la cosa para dispendios.

Añadimos las dos cucharadas de harina para espesar el caldo.

Como flotarán los gusanitos de la harina, nos ahorramos ponerle picatostes.


2) Segundo Plato: Medusa a la vasca

Ingredientes:

4 Medusas medianas
El caldo de medusa que hemos reservado del primer plato.
2 Huevos duros (de serpiente o bicho similar que habremos salido a buscar gratis al campo).
1 Ajo
2 a 3 cucharadas de harina con sus gusanitos correspondientes.
4 a 8 Grillos o saltamontes (sustituto de las gambas)
200 grs. de escarabajos patateros (sustituto de las almejas)
100 grs. de chinches verdes (sustituto de los guisantes)
Perejil
4 tallos de hinojo cogidos de la orilla de la carretera (sustituto de los espárragos)
1 vaso de agua (para sustituir el vino blanco)
Aceite
Sal

Preparación:


Escaldamos todos los bichos en agua con sal teniendo la precaución de estar con un matamoscas al lado por si se nos quiere fugar alguno.

Calentamos el aceite en una cazuela y doramos ligeramente los ajos.

Apartamos del fuego y rehogamos ligeramente la harina y añadimos el perejil.

Añadimos el caldo y el agua y, cuando rompa a hervir, añadimos la medusa y la tenemos 4 o 5 minutos.

Le damos la vuelta a la medusa y colocamos encima los grillos, el hinojo y los escarabajos patateros.

Espolvoreamos con las chinches verdes y colocamos los huevos partidos a cuartos o a rodajas.

Tenemos un par de minutos al fuego, retiramos y dejamos reposar un poco antes de servir.


3) Postre: Sorbete de oruga con perlitas de ámbar rellenas.

Ingredientes:

Azúcar
Orugas
Agua
Moscas

Preparación:

Trituramos las orugas con agua y azúcar y ponemos en el congelador en copas.

Hacemos caramelo rubio (para que parezca ámbar), ponemos pequeñas cantidades sobre papel de cocina y, rápidamente para que no se enfríe, ponemos una mosca en cada montoncito y envolvemos.

Decoramos cada copa de sorbete con perlitas al gusto.


¿A que da muchísimo asco?, pues más, infinitamente más, está dando toda la gente que nos desgobierna, hasta el extremo de que dan ganas de ser como la otra Medusa, la mitológica, e ir por ahí convirtiendo en piedra a todo político/ dirigente que mires a los ojos.

La Tostadora

Como este mes estoy de reposiciones, allá va eso:



Yo soy sonámbula desde siempre;  normalmente 
me paseo por la casa, generalmente a oscuras, voy al baño, a la cocina, mantengo una conversación más o menos incoherente con alguien de mi familia si me los encuentro (dicen ellos que contesto algo) y vuelvo a la cama yo solita.

Pero, algunas veces, el sonambulismo se sale un poco de lo normal, como el día de la tostadora. Porque una noche me levanté, fui a la cocina, cogí una tostadora, me volví a la cama y la  puse entre mi marido y yo.

La cosa no hubiera pasado de una simple anécdota de no ser porque mi marido, durmiendo, se dio la vuelta y se clavó la tostadora en los riñones. Yo me desperté cuando le oí gritar jurando en arameo y echándose mano a los riñones.

Al principio, como es muy raro que él se enfade y yo estaba medio dormida, pensé que le había dado un cólico nefrítico y me dije a mí misma: "doler duele, pero tampoco es para que grite de esa manera, qué poco aguante tienen los hombres, por Dios".

Al momento me dijo que se había clavado la tostadora, que por qué me la había llevado a la cama, que mirara la señal que se le había hecho, que si quería matarlo, que qué iba a ser lo próximo y no sé cuantas cosas más, la verdad es que estaba realmente enfadado. Yo, haciéndome la digna, le dije:"oye, pues menudo escándalo que estás montando por una tontería de nada, si la tostadora ni siquiera estaba enchufada y ni te has quemado ni te va a quedar marca, aún puedes dar gracias" y, acto seguido, di media vuelta y a dormir de nuevo. Entre sueños le oí decir que probablemente no la había enchufado porque el cable no llegaba al enchufe y no sé cuantas cosas más.


A la mañana siguiente a él ya se le había pasado (que no olvidado), tiene muy buen carácter, pero yo medité sobre el asunto de la tostadora y reconocí dos cosas: primera que realmente llevaba la marca en los riñones y segunda que lo levantarme de madrugada y llevarme el cuchillo jamonero para ponerlo debajo de la almohada ante sus ojos atónitos estaba muy reciente

La teoría de los dos pollos

Foto tomada de Google



Ayer publicaba María ( http://miplumadecristal.blogspot.com.es/2013/05/trucos-para-llegar-fin-de-mes.html ) una serie de consejos para ahorrar en estos tiempos tan difíciles que nos está tocando vivir.

Como animaba a dar ideas, contribuí con un comentario en el que, más o menos, le decía que en la compra y la cocina se puede ahorrar mucho si se organiza bien el tema y hoy publico mi teoría de los dos pollos (estoy en plan Einstein total, de esta me dan el Nobel). Allá va:

Por comodidad, por no andar troceando el pollo, muchas veces tendemos a comprarlo en piezas sin, quizás, darnos cuenta de lo que nos podemos ahorrar comprándolo entero, así que, como lo mío de toda la vida son los números, detallo a continuación mi teoría:

1) Compra dos pollos de 2kg. Cada uno a 2,05€/ kg. = 8,20 €

Y de aquí (salvo que el pollo sea cojo), sacamos:

4 pechugas
4 muslos y contramuslos
4 alas
2 esqueletos

2) Compra las mismas unidades de despiece por separado: 14,50 €

a) 4 pechugas: 1 kg. Aproximadamente a precio de formato ahorro = 5,50 €
b) 4 muslos y contramuslos: 2 kg. Aproximadamente a precio de formato ahorro = 4,90 €
c)4 alas: 500 grs. aproximadamente a precio de formato ahorro: 2,35 €
d) 2 esqueletos: 500 grs. aproximadamente: 0,75 €

Y así, como el que no quiere la cosa, nos hemos ahorrado en 4kg. De pollo la friolera de 6,30 €, es decir, un 76,82%, porcentaje que acojonaría si estuviéramos hablando de cantidades mayores ¿no?.

Como tampoco es plan de estar comiendo todo el día pollo, yo propongo congelar y con los dos pollos hacer las siguientes comidas:

  1. 2 Pechugas fileteadas a la plancha o a las finas hierbas con guarnición de verduritas en ambos casos.

  2. 2 Pechugas rellenas.

  3. 4 muslos y contramuslos asados con guarnición de patatas enanas (otro día cuento mi teoría de la patata) o al tomillo.

  4. Alitas barbacoa (para esto hay que juntar más alas que con 4 no hay para nada).

  5. Caldo con los esqueletos, añadiéndole un hueso de jamón, otro de ternera, un chorizo, una patata, una zanahoria y un nabo (y más verduras, como puerro, si se quiere). Luego, para que no se entere ni el Tato (el Tato son los niños) de que el caldo lleva verduras, se tritura y se cuela y sale un caldo estupendo y espeso. Hay para dos veces con esto.

  6. Y ya, si queremos rizar el rizo, no habremos dejado los esqueletos muy pelados de carne y con ella, el chorizo y el jamoncito del hueso y una bechamel podemos hacer unas croquetas riquísimas que no tienen nada que ver con lo que venden por ahí congelado.

    Resumiendo, que merece la pena trocear los pollos, total cuando llevas mil o dos mil lo haces como si nada. Lo de la cantidad es broma, pero sí, realmente hay muchas cosas que nos pueden hacer ahorrar en la compra, lo del pollo no es más que un ejemplo, y ya sabemos, como aquella del anuncio, tacita a tacita...abrigo de visón que me compro.

Coitus interruptus






Foto tomada de Google

Ayer por la mañana iba a lavar unos caracoles que había tenido tres días ayunando para ponerlos al sol en agua y que sacaran la molla y, al cogerlos, me vi a dos de ellos copulando y, la verdad, no tuve valor para separarlos y lo dejé para al cabo de un rato diciéndome a mí misma: "pobrecitos, total va a ser la última vez que lo disfruten" y, a continuación, me vino a la cabeza el chiste aquel tan tonto de uno que decía que la mayor ilusión de su vida sería hacer el amor con una vieja y, al ser preguntado por el motivo, respondió que porque seguro que la señora, pensando que podía ser la última vez que se veía en el tema, le pondría tal interés a la cosa que aquello tenía que ser la leche de bueno.

Pero el caso es que entré varias veces a la cocina y ellos a su marcha, no se separaban, y ya me dio por pensar si  es que los caracoles eran unas fieras, sexualmente hablando, y entonces me fui al Google a buscar algo de información y, cuál no sería mi sorpresa, que descubrí que cada cópula entre caracoles dura entre 4 y 7 horas (por lo visto son lentos hasta para eso) así que me miré el reloj y me dije a mí misma: "como les he visto a las 9 y ya estaban liados, les doy de plazo hasta la 1 de mediodía que es cuando hace las 4 horas".

Pues dicho y hecho, a la una volví dispuesta a lavarlos y a ponerlos en agua al sol y aún seguían liados, yo los miraba fijamente y ellos ni caso, dándole al temita sin parar así que se me planteó el dilema de si les dejaba tres horas más hasta cumplir las 7 o los lavaba y, egoístamente, opté por lo segundo porque se me iban a pasar las horas de sol y si les hacía sacar la molla con agua caliente no están igual que al sol.

Y me dio pena, la verdad, porque pensé que igual iban a tener un coitus interruptus por mi culpa pero, teniendo en cuenta que llevaban como mínimo 4 horas liados (que yo supiera), los lavé y dije: "pues ya que todo el mundo pillara un coito de 4 horas".

VER AHÍ EL VIDEO QUE ES MUY MONOOOOOOOOO (SOBRE TODO EL BESITO DEL MINUTO 1):

http://escribimospensamientos.blogspot.com.es/2011/04/coitus-interruptus.html

(Lo pongo así porque no me deja ponerlo de Youtube)



P.D. Esto es una reposición y ¿por qué lo repongo?, pues porque estamos en época de caracoles y este video me gusta mucho.

La operación biquini del gato

Hoy me he enterado, viendo un anuncio en televisión,
de que los gatos engordan aproximadamente un 30% cuando los esterilizan (o sea, cuando los capan que esto de esterilizar suena a que los hierven).

Y he sabido de ello porque una conocida marca de alimentos para animales ha sacado un producto para gatos light, ya no sé si los gatos adelgazan comiendo eso o es que no engordan, pero para el caso es lo mismo, el tema es que parece que están los gatos de operación biquini.

La verdad es que no me gustan nada los gatos, el primer motivo es porque uno de mis primeros recuerdos de la infancia es mi pelea con la gata que había en casa porque la muy ladina me quitó un trocito de jamón que me estaba comiendo. Ganó ella, por supuesto, y me arañó y me mordió, con lo cual se ganó que mi padre la echara al coche y la dejara en algún sitio y nunca más volvió (no le pasó como al del chiste aquel que, harto de que la mujer le hiciera más caso al gato que a él, se lo echó al coche y lo dejó tres veces por ahí y antes de que él volviera las dos primeras veces ya había vuelto el gato. La tercera vez llamó por teléfono a casa y le dijo a la mujer: “oye ¿ha vuelto el gato?, si ha vuelto que se ponga al teléfono y me diga qué camino ha seguido que yo me he perdido y no sé volver”.

El segundo es motivo es la gata de mi antigua vecina, una de estas gatas pijas (no recuerdo la raza) terriblemente insoportable que se pasaba la vida colándose a mi casa en cuando pillaba una ventana abierta y rompía lo que a ella le apetecía. La puñetera gata no comía nada en mi casa (yo intenté picarla dándole de todo a ver si la cebaba y un día podía envenenarla)

Y el tercero un gato pequeñajo que, a instancias de mi hijo que se encaprichó de él en el campo de mi prima, tuvimos un mes en casa y terminé devolviéndolo al campo porque, aparte de romperme unas cortinas y rajarme la tapicería de un sofá, quería matarme de un infarto y se escondía debajo de las estanterías o donde se le ocurría y me salía a traición.

A la conclusión que llegué con este gato es que estos bichos te tienen a tí en lugar de tú a ellos como puede pasar con un perro. El gato se pone encima de tí cuando le apetece, te mira como diciéndote ¿tú qué sabrás? Y, por supuesto, hacen lo que les da la gana.

El caso, volviendo a la comida esa light para gatos, es que hay mercado para todo, incluyendo el de mascotas, y si no que me lo pregunten a mí que un día, haciendo tiempo porque me fui al Corte Inglés sin coche y esperaba que vinieran a buscarme, me metí en lo de las mascotas y le compré al perro un impermeable amarillo como el del Capitán Pescanova y 4 botas de agua.

El perro iba de dulce, todo hay que decirlo, pero no pude ponérselo más que una vez porque el caucho de las botas se le escurría con el brillo del suelo y se quedaba ahí despanzurrado; así que, cada vez que me veía con el impermeable y las botas en la mano, salía huyendo el muy cobarde.

El ratón de Pili (Reposición)

Hoy necesito reírme y, por casualidad, me he acordado de esta
 historia y, más casualidad todavía,  he visto que publiqué  esto
hace exactamente 3 años, en mis inicios del blog,  así  que he decidido reponerlo:

El verano pasado entró un ratón en el chalet de unos amigos, a los que llamaré aquí Pepe y Pili, él es miembro de las fuerzas de seguridad del Estado y ella es una andaluza graciosísima. Cuando vio el ratón, Pili estaba colocando la compra y llevaba en las manos dos sprays insecticidas. Nada más verlo, hizo lo normal, se subió a una silla y llamó a su marido gritando:

"Pepeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee", mientras tanto el ratón se escondió detrás del mueble más grande del salón y, acto seguido, la conversación se desarrolló como sigue:

Pepe: ¿Qué te pasa Pili? ¿por qué gritas así?.

Pili: Ayyyyyyyy Pepe, qué susto por Dios, hay un ratón ahí.

Pepe: ¿Estás segura Pili?.

Pili: Vamos a ver Pepe ¿tú crees que iba yo a estar subida en la silla si no hubiera un ratón?

Pepe: Vale, Pili, voy a por una escoba.

Pepe regresa con la escoba, mueve con gran esfuerzo el mueble detrás del cual estaba el ratón y, cuando este asomó la nariz, se lió a escobazos con él; pero el ratón se le escapaba y Pepe rompió la escoba y tuvo que ir a por otra. 

A todo esto Pili echando insecticida con las dos manos en dirección al ratón. Cuando Pepe volvió con la otra escoba, se inicia el siguiente diálogo:

Pepe: ¿Pili se puede saber qué haces echando insecticida que no se puede respirar aquí?.

Pili: Muy fácil Pepe, quiero matar al ratón.

Pepe: Pili, te recuerdo que un ratón no es una mosca, no se le puede matar con insecticida.

Pili: Pepe, me da lo mismo, si no se muere seguro que se le ponen los ojos malos y no te ve cuando le arrees con la escoba.

Pepe, resignado, se pone de nuevo a perseguir al ratón, tratando de darle con la escoba pero no lo conseguía y Pili, ya desesperada le dice:

Pili: Pepe, saca la pistola y pégale dos tiros al ratón.

Pepe: Pili ¿tú sabes lo que estás diciendo?, ¿cómo le voy a pegar dos tiros al ratón?.

Pili: Pues muy fácil Pepe ¿no haces tú tantas prácticas de tiro y estás siempre presumiendo de puntería?, tú coges la pistola, lo acorralas y le pegas dos tiros.

Pepe: Pili que te digo que no le voy a disparar al ratón bajo ningún concepto.

Pili: Pepe, a ver si va a resultar que todo un (le dijo su graduación) no va a tener cohones a matar un ratón a tiros.

Pepe: Piliiiiiiiiiiiii, no me los toques ¿eh? no me lo toqueeeeeeeeees.

Pili: Lo que yo te diga Pepe, que no eres capaz de pegarle dos tiros a un ratón.

Ahí es donde Pepe reaccionó y, de un escobazo, mató al ratón. La pistola no la sacó pero luego confesó que, por un momento, le dieron ganas de...


Si no se hubiera ido




Ayer terminé de leer “El Tango de la Guardia Vieja”, el último libro de Arturo Pérez Reverte al que, Capitán Alatriste aparte, soy adicta. Y, aunque he leído todo de él siempre vuelvo a mi favorita, a su entrañable Carlota Bruner (personaje de “La Piel del Tambor” que se vuelve loca esperando la llegada de su amado que, en busca de fortuna para, siguiendo los parámetros de su familia, ser digno de ella, se embarcó a las Américas y nunca volvió a verla con vida pues, cuando volvió rico, ella había muerto enloquecida por la pena de no tenerle y de no tener noticias suyas porque su padre le requisaba la correspondencia).

En su momento, Pérez Reverte confesó que una canción, en concreto las Habaneras de Sevilla, de Carlos Cano, le había inspirado el personaje en cuestión y la verdad es que la retrata a la perfección





Pero hay más canciones que, por uno u otro motivo, me recuerdan a Carlota, como por ejemplo “En el muelle de San Blas”, de Maná, o “Le llamaban Loca”, de José Luis Perales, ambas protagonistas locas por ausencia de su amado.






Y pienso, volviendo a Carlota, en qué hubiera sido de su vida si él no se hubiera ido; probablemente , como dice Marco Antonio Solís, sería tan feliz




porque, sin duda, él le ofrecería hasta traerle perlas de lluvia de un país donde jamás llueve, como decía Jacques Brel en su "ne me quitte pas"







y ella, como Edit Piaf, vería “la vida en rosa”




pero, como él partió y no regresaba, no pudo evitar, al igual que Aznavour, “mourir d'aimer (morir de amar)” porque debe ser terriblemente duro no tener noticias de quien amas, hasta el punto de ser capaz de enloquecer de ausencia.



El emperador, las galletas María y las zapatillas



Foto tomada de Google, si está protegida la quitaré de inmediato de si me avisan.
El otro día hice de comer emperador a la plancha y berenjenas rebozadas; la cosa, por supuesto, no tiene nada de extraordinaria, es una comida de lo más normal, pero a mi hijo mayor se le ocurrió recordarme una de las mil perrerías que, siendo pequeño, me hizo mi otro hijo.

Y una de ellas tiene que ver con el emperador precisamente. Resulta que un día comiendo en un restaurante, con mis primos, cónyuges e hijos, pedí emperador a la plancha para comer y a mi hijo, que estaba sentado a mi lado, le pedí otra cosa (no recuerdo qué, pero fue lo que él quiso, por descontado) y el muchacho, cuando llegó el camarero con los platos, va y le dice: “¿y no podría yo comer también emperador, es que mire Ud. que mi madre no me da nunca y a mí me apetece?.

Yo no sabía si estrangularlo en directo o meterme debajo de la mesa, porque eran épicas mis persecuciones detrás del niño para que comiera pescado y a él no le daba la gana. El caso es que, sin comérmelo ni bebérmelo, quedé como la madrastra de Blancanieves y el niño se comió mi plato y yo no me comí el suyo porque del disgusto que tomé se me quitaron las ganas. Ello no obstante, cuando pocos días después le presenté en casa un plato de emperador no le dio la gana de comérselo, como de costumbre y así sigue de adulto.

Y, recordando las “monerías” del nene, que era un cabrito de marca mayor, me vinieron a la memoria otras dos cosas y nos echamos unas risas con ellas, primero la de las galletas María y luego la de las zapatillas.

Lo de las galletas María me la hizo por partida doble, primero haciendo la compra (era comprador compulsivo y cogía todo lo que estaba a su alcance) echó al carro un paquete de las susodichas galletas y yo, como a nadie le gustaban en casa y comíamos Chiquilín, las devolví al estante. Cuando vio que las devolvía, pegó la hebra con un señor mayor que estaba a mi lado haciendo la compra (siempre se ha llevado muy bien con la gente mayor) y le dijo: “¿Sr. sabe Ud. que mi madre no me quiere comprar galletas María a pesar de que a mí me gustan mucho?. El hombre, como el nene era la personificación de la inocencia tan rubio y mirando con esos ojazos “inocentes”, sintió pena por él y me dijo que, si yo quería, él pagaba las galletas pero que no dejara al niño sin ellas.

Yo igual, tierra trágameeeeeeeeeee, más roja que un tomate y tratando de explicarle al señor que el nene mono lo que comía eran galletas Chiquilín y que estaba hasta el moño de tirar las cosas que cogía en el super por el puro placer de comprar. Al final, por supuesto, el hombre no me creyó y yo me terminé llevando las galletas que nadie se comió.

Pero el asunto de las galletas María no terminó allí, nooooooooooo ¡qué va!, porque a los pocos días fuimos de visita y como era la hora del café le ofrecieron al niño unas galletas María y tuvo el cuajo de comérselas a pesar de que yo le dije a la señora que no se molestara que no le gustaban; en realidad se las comió y le dijo mirándome a mí ladinamente: “es que como mi madre no me las compra...”.

Pero, con todo, eso no fue lo peor de lo que hemos recordado, porque lo que más me dolió fue lo de las zapatillas y el otorrino. Tenía el niño unas hemorragias nasales tremendas y, en varias ocasiones, le tuvieron que cauterizar las venas y el otorrino, en una de ellas, le dijo que procurara no resfriarse, no andar descalzo y todas esas cosas que suelen hacer los niños. El muchacho, como no estaba por la labor de confesar que hacía todo eso porque le apetecía, buscó rápidamente un culpable para lo de andar descalzo y le dijo al médico: “es que yo no andaría descalzo si tuviera zapatillas de andar por casa, pero como mi madre no me compra pues no tengo más remedio que ir descalzo”.

Ahí ya no es que yo estuviera a punto de matarlo por mentiroso, es que no me dio un infarto porque Dios no quiso porque, entre las carcajadas del médico, que ya le tenía la medida tomada, y visualizar su zapatero donde, entre otras más normales, tenía tres pares de zapatillas de dinosaurio, oso y mono respectivamente, yo me atragantaba y veía en rojo y no podía ni hablar. El caso es que no lo maté, pero confieso que ese día me faltó el canto de un duro.

Con un par de huevos (y alguna cosa más)


Pues eso, que con un par de huevos (eran XL, eso sí) y alguna cosilla más he hecho parte del aperitivo de hoy y el postre.

Los cupcakes son salados y rellenos (unos de salmón con tápenas y los otros de piquillos con anchoas) y lo otro, como se ve, es una tarta de chocolate, pero todo en tamaño mini porque así se te quita el mono y el pecado es menos grave.

Y, por si alguien le interesa, lo he hecho con:

1) Ingredientes para la masa:
2 huevos XL o 3 L
3 tazas de café de harina
1 cucharada sopera de levadura Royal (o un sobrecito)
1 taza de café de aceite (hoy le he puesto girasol)
2 tazas de café de leche (semi)
1 pizca de sal (un día disertaré sobre la pizca)

Para añadir después:

1 cucharada sopera de eneldo
2 cucharadas soperas de azúcar
2 cucharadas soperas de cacao en polvo

2) Ingredientes para los cupcakes:

a) Para los de salmón:

100 grs. de salmón ahumado
15 tápenas (alcaparras)
200 grs. de queso Philadelphia o similar (mejor todavía si es queso con salmón).

b) Para los de piquillo y anchoas:

1 lata de anchoas pequeña
200 grs. de queso Philadelphia o similar (hoy le he puesto la variante de finas hierbas)
Pimientos de piquillo (o cualquier otro de lata).
2 cucharadas soperas de mantequilla

3) Ingredientes para la tarta:

200 grs. chocolate blanco
200 grs. chocolate negro o con leche
200 ml. De nata de repostería (35% m.g.)
Licor de chocolate o, en su defecto, cualquiera que nos guste o un almíbar.


4) Preparación:

1) Masa (que, con ligeras variantes, nos va a servir para los tres):

Tamizamos la harina con la levadura y la pizca de sal y reservamos.
Batimos los huevos con las varillas hasta que espumeen.
Añadimos la leche y batimos de nuevo.
Añadimos el aceite y batimos de nuevo.
Añadimos, poco a poco y con movimientos envolventes, la harina tamizada con la levadura y mezclamos hasta integrar bien en la masa.
Dividimos la masa en tres recipientes y:

Uno lo dejamos tal cual
A otro le añadimos una cucharada sopera de eneldo y mezclamos
Al tercero le añadimos dos cucharadas de azúcar y dos cucharadas de cacao en polvo (cualquiera, incluso Cola Cao, yo hoy le he puesto Nestlé Gold).

2) Cupcakes de salmón:

Partimos tiras de 1cm. X 6/7 cm. (aproximadamente) de salmón y los enrollamos con una tápena en el centro.

Ponemos moldes de papel dentro de moldes de silicona, rellenamos hasta la mitad con la masa a la que hemos añadido el eneldo, ponemos dentro los rollitos de salmón con tápenas y cubrimos con más masa (no rellenar más de 2/3 de la capacidad para que no rebose).

3) Cupcakes de pimiento y anchoas:

Enrollamos las anchoas

Partimos tiras de 1 cm. X 6/7 cm. (aproximadamente) de pimiento y envolvemos la anchoa enrollada con ellas.

Ponemos moldes de papel dentro de moldes de silicona, rellenamos hasta la mitad con la masa que hemos dejado tal cual, ponemos dentro los rollitos de anchoas con pimientos y cubrimos con más masa (no rellenar más de 2/3 de la capacidad para que no rebose).

4) Ponemos al horno, previamente precalentado, 10/ 15 minutos (esto depende del horno) a 180º con calor arriba y abajo, sacamos, desmoldamos y dejamos enfriar.

5) Metemos al horno en un molde redondo el resto de la masa a la que habremos añadido el azúcar y el cacao en polvo y lo dejamos aproximadamente 20' con calor arriba y abajo a 180º (pinchar con brocheta y comprobar), sacamos y dejamos enfriar en una rejilla.

6) Cobertura de los cupcakes:

a) Pimiento y anchoas:

Batimos el queso junto con la mantequilla blandeada y un pimiento (la mantequilla es para que esté un poco más duro porque el pimiento blandea el queso y así poder usar la manga pastelera).

Ponemos en la manga pastelera y decoramos con la boquilla que nos guste.

b) Los de salmón:

Batimos el queso, metemos en la manga pastelera y decoramos.

Ponemos encima unos trocitos de salmón enrollados como si fueran rositas.

7) Preparación de la tarta:

Fundimos en el microondas cada chocolate en un bol distinto con 100 ml. De nata cada uno de ellos y dejamos enfriar.

Partimos el bizcocho en dos horizontalmente y lo bañamos con licor de chocolate o el que queramos.

Ponemos chocolate blanco entre las dos capas de bizcocho y cubrimos todo con el resto (laterales incluidos).

Dejamos que se ponga el otro chocolate lo suficientemente duro como para manejar con la manga pastelera y decoramos.


8) Observaciones:

Con estas cantidades salen 15 cupcakes de cada y la tartita de 15cm.


P.D. No publico ni voy a visitaros porque estoy chunga, a ver si me "reparan" y vuelvo a la normalidad.


Ahora pongo la foto de la tarta que me falta decorarla.(No he llegado a tiempo, se me ha ido el santo al cielo y nos la hemos comido).


Un mundo de silencios

Imagen tomada de Google (si está protegida la quito yaaaaaaaaaa, si me avisan)

Soñé un mal día que perdía la voz
y me sentía como un juguete roto,
inservible aunque con buen aspecto,
viendo mi vida como algo atroz,

por no poderte ya decir te quiero.
Me adentré en un mundo de silencios,
repleto solamente de vacíos,
oscuro como un gran agujero.

Mas enseñé a las yemas de mis dedos
a hablar sobre los surcos de tu piel,
te mostré con el brillo de mis ojos,

dándote mi cuerpo sin ningún pudor
y besándote hasta quemar mis labios,
que hay otras formas de gritar amor.

El cuento de la lechera (en plan conejo)



Como suelo cumplir mis promesas (y mis amenazas) aunque tarde en hacerlo, he salado un “jamón” de conejo y lo he curado ¡faltaría más! y lo he hecho al tomillo (porque así parece más delicatessen).

Con el proceso me he divertido ¿para qué negarlo?, sobre todo pensando en que parecía que estaba jugando a las casitas por lo mini que era todo, desde el cacharrito donde lo he salado hasta lo pequeñajo del jamón, por no hablar de lo chiquitín que se veía en el secadero improvisado que tengo en la despensa y que consiste en una barra y unos ganchos de acero inoxidable del Ikea y, por supuesto, atándole la cuerda de colgarlo con hilo de bridar la carne.

Pero lo mejor ha venido cuando lo he puesto en la mesa y les he dicho: “hala, a probarlo que ya sabéis que yo no como conejo”. Sabía que lo primero que me iban a preguntar (son tan previsibles) era que si llevaba veneno, a lo cual he respondido muy seria que no, que el de la muestra no y luego ya veríamos.




Como, lógicamente, el jamoncito no cabía en la jamonera (en la foto lo tengo sobre la tabla de cortar el queso), se las han apañado para cortar unas lonchitas (tampoco es que diera la cosa para mucho porque el conejo pesaba poco más de 1kg.) y lo han probado y han dicho: “bueníiiiiiiiiiiisimo”.

Y yo, al oír buenísimo, ya me he disparado (no es que necesite mucho para ello, la verdad sea dicha) y les he contado mi penúltimo proyecto empresarial, que consiste en irnos a Australia (donde hay una superpoblación de conejos de narices), comprar un terrenito (allí digo yo que como hay tanta tierra no será cara y puedo comprar algunas hectáreas), sembrar alfalfa para  engañar a los conejos y que vengan solitos a comérsela (con lo cual la materia prima la tendría prácticamente gratis) y, luego, pescozón al conejo y 2 jamones y dos paletillas al canto y con el resto ya se me ocurrirá algo.

También he pensado pasar previamente por un Coronel Tapiocca (para ir vestida en consonancia con mi nueva condición de intrépida latifundista), comprarme un cuchillo a lo Cocodrilo Dundee (por si las moscas) y un Hummer bien grandote (preferentemente rosa, glamouroso total).

Me lo estaba pasando bomba contándoles todo esto, lo prometo, vamos que con la cosa de la materia prima gratis me veía a mí misma fletando un barco para cada continente para exportar los jamoncitos, poniéndolos de moda en todos los restaurantes pijos del mundo mundial (¿os imagináis en la carta de un Maxim's algo así como: “jambon de lapin de Mme. Marie A.O.C. L'Australie aux fines herbes”?, porque mis jamoncitos tendrían denominación de origen, por supuesto).

Mientras lo pensaba, he ideado también un plan para aprovechar las pieles y, de paso, hacerle la competencia a UGG y crear mi propia línea de botas (las mías con y sin tacón), bolsos y abrigos de conejo que se pondrían rápidamente de moda en cuanto Paris Hilton los luciera ( me lo haría gratis y la convencería para ello con el sólido argumento de que las dos tenemos un Hummer rosa).

Y luego, cuando ya estaba calculando cuanto tiempo tardarían en entrevistarme en el Financial Times, incluirme en la lista Forbes y todas esas menudencias, llega mi hijo, tan resabiado él, y me dice: “tu plan sólo tiene un pequeño fallo, que los conejos en Australia tienen mixomatosis (me ha dado la mini-conferencia de por qué)” y, entonces, he caído del burro y digo: “hay que ver lo poco que dura la alegría, oye, pero fue bonito mientras duró”.

Proust y su puñetera magdalena

(Imagen tomada de Wikipedia)
Un personaje de Proust, de "À la recherche du temps perdu", rememoró episodios infantiles comiéndose una magdalena, de ahí que la idem de Proust sea famosa y que la evoquemos cuando cualquier olor, situación o sabor nos traen recuerdos del pasado. A mí me pasa mucho, unas veces es agradable, otras no tanto y otras es hasta doloroso, como hoy.

Llevo todo el día echando tanto de menos a mi padre que casi no lo puedo aguantar; y sé que es ley de vida, que un día esta se nos acaba y los que se quedan tienen que aprender a vivir con la ausencia pero, supongo que le pasará a todo el mundo, cuando nos toca prescindir de un ser querido siempre le vemos injusticia, sobre todo si previamente le han tocado años de una enfermedad terrible y, además, se ha ido demasiado joven. Y aunque la cabeza te diga que en realidad fue lo mejor para él, para que el maldito Alzheimer ya no le hiciera sufrir más, nunca puedes dejar de preguntarte por qué le tuvo que tocar a él, por qué siempre se suele ir la gente más buena y más maravillosa y por qué hay tanto hijo de la gran puta al que no le pasa nada y vive un montón de años y por qué tienes a tu madre también con demencia senil y, cada minuto del día y muchos de la noche, te duele.

El recuerdo me vino comiendo, hice conejo al horno y unas patatitas mini rellenas de ajo y perejil y, como a mí no me gusta el conejo, he comido patatas y lomo de cerdo curado (que curo yo, valga la redundancia, y me sale buenísimo).

Como en mi casa no desaprovechan ninguna ocasión para tomarme el pelo, mientras partían el lomo ya me han dicho que, dada mi experiencia en lomos, panceta y salmones, a ver cuando empezaba a curar jamones y, claro, como yo no me corto un pelo y antes muerta que callada, he mirado el muslamen del conejo y les he anunciado que próximamente les voy a hacer jamón de conejo (existe, eh, que yo lo he visto) y jamón de cabrito. Y ellos con la guasa, que el de cabrito igual aún lo pueden poner en la jamonera pero que el de conejo a ver como lo cortan, que si existirán tablas de cortar de la Srta. Pepis y todo ello.

Y yo, ¿cómo no?, acordándome de mi padre y de que si él viviera me haría una tabla para cortar el jamón de conejo o cualquier otra excentricidad que se me ocurriera y no me diría nunca, como me dice mi marido cuando le pido que haga algo: “Dios me libre a mí de quitarle el trabajo a un profesional, llama y que te lo hagan” o, lo que es peor, no poder pedírselo a mis hijos porque prácticamente no saben del color que es una llave inglesa (por decir algo). Mi padre me la haría, le quedaría preciosa y, lo mejor de todo, no me miraría raro ni pensaría que estoy chalada, simplemente me daría el capricho y yo, una vez más, me sentiría tremendamente orgullosa de él.

Luego, como él me decía que yo hacía el mejor arroz con leche y las mejores natillas del mundo y a mí, aunque es mentira, me gustaba que me lo dijera, he hecho arroz con leche y le he dicho: “para tí, Papá”.

El "cielo" de las batidoras y buñuelos de clementinas

 
El viernes me asomé a hacer inventario de lo que en mi casa llaman “el estante de los experimentos” del frigorífico, que es donde yo tengo las salsas de chocolate y caramelo, la gelatina de membrillo, las frutas confitadas y etc., etc. de cositas similares que uso para mis dulces. En el susodicho inventario, ví que tenía 6 bricks de nata que iban a caducar la semana que viene y me dije: “se impone hacer algo con ella, de momento vamos a montarla y al menos la congelo y ya la usaré, que está la cosa chunga y no hay que tirar nada”.

El caso es que cuando empecé a montarla la pobre batidora empezó a exhalar sus últimos suspiros (cosa que yo ya sabía porque no sonaba bien y el mes pasado me compré otra porque, teniendo en cuenta el estado de mis manos, uso la batidora hasta para batir los huevos y más vale prevenir que quedarme sin batidora) y, como me dio tanta penita que su último servicio fuera solamente para montar nata (en el fondo soy una sentimental), decidí sobre la marcha hacer una tarta de mousse de café con cobertura de chocolate.

Como veía que la batidora se moría antes de terminar de montar la nata, me puse a hablarle y a animarla, diciéndole (por supuesto en voz alta) cosas como: “venga corazón mío, que tú puedes”, “no te preocupes, chiquitina mía, que tú has sido muy buena y vas a ir al cielo de las batidoras” o “no pienses que allí vas a estar solita, que te espera el robot de cocina que se murió hace unos meses y que estaba al ladito tuyo en la despensa, o sea que amigos tienes allí para divertirte”. En fin que, entre pitos y flautas y ya a última hora cantándole: “ la última nata que monté contigooooooooooooo quisiera olvidarla pero no he podidoooooooooooo” ella hizo un esfuerzo, se portó como una campeona y me salió la nata estupenda y no solamente eso sino que aguantó hasta hacer la tarta entera y, justo terminando, dejó de “respirar”.

Como no puedo poner foto de la tarta porque sólo queda un pedacito (no se me ocurrió antes, sorry), aprovecho que hoy he estrenado la nueva (me refiero a la batidora, monísima ella que me hace juego el color con los muebles de cocina y todo) y pongo lo que he hecho con ella, unos buñuelos de clementinas (variedad de mandarina):

Ingredientes:

3 tazas de café de harina

3 huevos

3 mandarinas

½ taza de café de azúcar (opcional y/o sustibuible por edulcorante)

½ taza de café de leche

1 cucharada de levadura Royal

Azúcar mezclada con canela para rebozar

Las cantidades se pueden adaptar a nuestras necesidades, manteniendo siempre 1 huevo y 1 mandarina por cada taza de harina.

Preparación:

Tamizamos la harina con la levadura y reservamos.

Lavamos y secamos muy bien las mandarinas.

Con el rallador de cítricos, rallamos la piel de las 3 y reservamos.

Pelamos las mandarinas, quitamos todas las partes blancas y las semillas (si las tuviere) y las trituramos.

Añadimos el azúcar o el edulcorante, la leche, la piel de mandarinas rallada y los huevos y volvemos a triturar todo junto.

Añadimos, poco a poco e integrando bien, la harina tamizada con la levadura.

Puede ocurrir, dependiendo del tamaño de las mandarinas, que se quede la masa demasiado blanda, en cuyo caso vamos añadiendo un poquito de harina hasta obtener una masa firme y manejable.

Ponemos aceite (de oliva o girasol) al fuego y, una vez bien caliente, lo bajamos a temperatura 6 y vamos poniendo porciones de masa. Como orientación, yo pongo una cucharadita de postre colmada y le empujo rápidamente con otra.

A mi juicio, el único truco para que los buñuelos salgan bien es freírlos con mucho aceite, a temperatura no muy alta, para que se pueda calentar bien la masa del interior y suba, y hacer pocos cada tanda (yo hago 6).

Si ponemos mucho aceite el buñuelo se suele dar la vuelta solo, pero yo prefiero darles varias vueltas y así los voy dorando a mi gusto.

Cuando hayan crecido (más o menos al doble) y se vean dorados, los ponemos en una bandeja con papel de cocina para escurrir.

Cuando enfríen un poco los espolvoreamos con azúcar mezclada con canela y ¡al ataqueeeeee!, solos o mojados en chocolate.

Estos buñuelos se pueden hacer con cualquier cítrico o fruta que nos guste (de manzana, de kiwi y de fresa están buenísimos) pero si los hacemos de limón sólo hay que ponerle la piel y el zumo de uno de ellos.
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